Aprendiendo a ser tolerantes a partir de metodologías de debate

Por: Diego Fernando Duarte (Twt: @DiegoDuarte492)

Los programas educativos desarrollados por INCIDE parten de una convicción profunda del poder de debate como herramienta para educar a ciudadanos críticos y con participación activa en la democracia. Tal creencia no es un propiamente un acto de fe. La transformación en las trayectorias de las personas que empiezan a usar las herramientas de debate es notoria, en muchos casos, especialmente en el caso de su nivel de tolerancia a posturas contrarias.

No necesariamente todas las personas que se involucran en debate terminan siendo más tolerantes. Sería ingenuo creerlo. Sin embargo, la disposición a entender posturas opuestas a las creencias personales y, en muchas ocasiones, la obligación a defender posturas en las que no se cree facilita la disposición de comprender a personas con opiniones diferentes. Así las cosas, el desarrollo de tolerancia a partir de programas educativos de debate es el resultado de un ejercicio reflexivo del origen y el contexto de las posturas que se representan dentro de las diversas actividades de debate. Hay tres razones que fundamentan lo anterior.

En primer lugar, como ya se venía explicando, defender posturas en las que no se cree tiene un impacto considerable en la formación de criterio de las personas. Los formatos de debate utilizados en INCIDE tienen inspiración en aquellos utilizados en contextos competitivos en donde hay poco tiempo para preparar una postura y la asignación de las posturas es aleatoria. Ante asuntos polémicos que tocan las fibras de las personas, es común que lo primero en que se piense es en las razones por las cuáles uno cree estar lo correcto. Los sesgos confirmatorios y la disposición mental para creer que uno siempre se encuentra del lado correcto de la discusión explican por qué es fácil que en las redes sociales las discusiones pasen al terreno de los improperios y los insultos. Si ya tengo muy buenas razones para pensar que estoy en lo correcto, ¿qué incentivos tengo para entender la postura del otro? Si ya se que estoy en lo correcto ¿qué tan valiosa puede ser la opinión de la contraparte?

Las herramientas de debate ayudan a cambiar ese proceso mental para generar justificaciones. Cuando se da el caso que debes defender posturas en las que no crees, debes estar enfocado en encontrar buenas razones para justificar esa postura. El hecho de que se sepan posibles críticas a los argumentos que generalmente usa la contraparte funciona como un filtro crítico para pulir y encontrar mejores razones para defender una postura en la que no se cree. De ahí que no solo se entienda las razones de la contraparte, sino que también se encuentren mejores razones para defender sus posturas.

En este punto podría decir el lector, ¿qué incentivos tienen las personas para ejercer sus roles de la mejor forma posible? ¿Por qué no simplemente interpretar a la contraparte en su peor versión y hacerlas ver como tontos o poco razonables? Pues bien, dado que estas metodologías se dan en el marco de competencias o de escenarios de juego y diversión, las participantes tienen incentivos para hacerlo bien. 

Es por eso que, en segundo lugar, la competencia es un catalizador de procesos de aprendizaje y de desarrollo de habilidades argumentativas. Cuando los participantes en las metodologías ven que defender las razones de la contraparte no va a traer ningún costo personal y social y que, por el contrario, hacerlo puede significar ganar un premio o pasar un momento agradable, están mucho más dispuestos a asumir el reto. Si a esto se le suma que los públicos a los que se dirigen estas metodologías son niños, adolescentes y jóvenes adultos, que disfrutan como nunca poder demostrar que tienen la razón en comparación con los que discuten, se configura un espacio dinámico en que conocer argumentos que no se creen es una ganancia neta.

¿Cuál es el resultado de todo lo anterior para las personas que participan durante un tiempo prolongado en estas metodologías de debate? La tercera y última razón que hace que las metodologías de debate ayuden a desarrollar tolerancia: la actualización de preferencias y posturas personales de los participantes en el juego de debatir. Así como ponerse en los zapatos del otro en un marco competitivo hace que piense en las mejores razones para defender los argumentos de la contraparte, también se deben ajustar las preferencias previas al juego. Ya no es suficiente creer que uno tiene la razón. Ya no vale asumir una versión ridícula y distorsionada del otro cuando genuinamente se sabe que pensar eso solo podía ocurrir con presunciones poco precisas o con evidencias o hechos fuera de lugar. El ejercicio reflexivo se transforma en un proceso de retroalimentación que hace que las posturas personales se mejoren o incluso cambien dependiendo del caso.

Independiente de lo que ocurra, analizar críticamente las posturas que no se comparten y entender las razones y el contexto detrás de las personas que defienden esas posturas es una ganancia enorme. Implica dejar de ver a la contraparte como irracional, tonta o ignorante. Implica empezar a verla como un ser humano. En un contexto político tan polarizado y convulso a nivel mundial, la solución no es dejar de discutir con las personas que no comparten mis opiniones. La solución es debatir con ellos para actualizar nuestras posturas y llevar las discusiones públicas a un plano razonable y humano.

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