La paradoja de la educación democrática y para la paz tras el COVID-19

2020/07/2020
Por: Luisa Salazar Escalante (Twt: @LuisaSalazarE)
Directora Centro INCIDE

Varias reflexiones sobre el cierre de los colegios en Colombia se han presentado tras la aparición del COVID-19. Dichas medidas han develado la importancia de este espacio físico para la educación de los niños, niñas y adolescentes, lugar en donde acceden a alimentación, en donde aprenden, juegan, se encuentran con “el otro” -diferente al del lugar en que nacieron- e incluso para muchos es un espacio libre de maltrato y abuso familiar. También se ha visibilizado el problema de acceso a la conectividad y tecnologías de la información de la población, la escuela era un lugar que reducía desigualdades de los estudiantes que no tienen acceso a un celular, un computador, una tablet y/o internet. En este sentido, la reflexión que queremos hacer desde INCIDE es sobre el impacto del llamado “distanciamiento social” en los procesos educativos en materia de educación democrática y para la paz. 

Hay que empezar por conversar sobre qué es la educación democrática y para la paz, qué pretende, ¿cómo se come?. Esta ha sido pensada para el desarrollo de competencias ciudadanas que buscan no solo que los(as) estudiantes adquieran conocimiento, sino que sepan cómo hacer y cómo ser (Patti & Cepeda, 2007), en consecuencia, comprende la articulación de conocimientos, el desarrollo de inteligencia emocional, comunicativa y otras habilidades integrales que le permiten a los ciudadanos actuar de manera constructiva en una sociedad democrática (Min Educación de Colombia, 2004; Ruiz-Silva & Chaux, 2005). 

INCIDE está comprometido con la difícil tarea de aprendizaje sobre “cómo hacer” y “cómo ser” a la que se enfrenta la educación democrática y para la paz. Durante casi 10 años hemos trabajado diseñando metodologías para el desarrollo de habilidades socio-emocionales en materia de toma decisiones, respeto por las diferencias, tolerancia, abordaje de emociones, resolución de conflictos y ejercicio de liderazgo para participar en acciones sociales para mejorar sus escuelas y comunidades. El desarrollo de las mismas supone el contacto permanente en el mismo espacio con los(as) otros(as) y todo esto parece ser que debería ocurrir en oposición al llamado “distanciamiento social” en el que se encuentran los niños, niñas y adolescentes en la actualidad con el cierre de los colegios. Entonces, la pregunta del millón es: ¿cómo vamos a aprender a convivir fuera de la convivencia diaria en la escuela?.  

Paralelamente la popularidad de estas llamadas “competencias blandas” ha aumentado con ocasión de la pandemia, en tanto la salud mental y la convivencia intrafamiliar se han visto negativamente afectadas con el confinamiento de niños, niñas y adolescentes. Surge entonces una paradoja, por una parte, parece ser indispensable el acercamiento social de los y las estudiantes en los entornos educativos para desarrollar y afianzar estas habilidades blandas; y por el otro lado, éstas preparan a nuestra población para afrontar crisis como la que estamos viviendo en la actualidad. 

En consecuencia, quienes estamos comprometidos con la enseñanza de estas competencias nos vemos enfrentados a no desfallecer en el intento, a ampliar el entendimiento de la convivencia y “abrazar” la virtualidad como el “nuevo” acercamiento social, con lo cual desde INCIDE iniciamos un piloto de implementación de ImPacta  (nuestra metodología para resolución de conflictos) de manera virtual aplicado en el Colegio Técnico Agropecuario Nuestra Señora del Carmen de Tumaco, en el que buscamos aprovechar la cotidianidad familiar para ampliar el aprendizaje en resolución de conflictos más allá del entorno escolar. 

No obstante lo anterior, quisiéramos poner sobre la mesa que la falta de presencialidad de la escuela no solo está representando una pérdida en el aprendizaje de matemáticas o lenguaje, sino en competencias ciudadanas y habilidades para la vida, factores que se suman a la solicitud de apertura progresiva de escuelas y/o modelos de alternancia que se han venido explorando en el país. Esta crisis sanitaria ha reafirmado que la escuela es un espacio necesario para avanzar en la igualdad de oportunidades para todes y no vemos en un futuro cercano el prescindir de ella, debemos más bien avanzar en la pregunta sobre ¿qué queremos enseñar/aprender? ¿cómo lo haremos? y sin lugar a dudas, las competencias ciudadanas y habilidades blandas deben ser una prioridad.  

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